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Carne de cerdo y protección cardiovascular

Carne de cerdo y protección cardiovascular

Las enfermedades cardiovasculares no sólo suponen la primera causa de muerte en Europa (más de 4 millones de muertes anuales) sino que además contribuyen de manera significativa al incremento del gasto sanitario. La incidencia de las enfermedades cardiovasculares guarda una estrecha relación con estilos de vida, así como con factores bioquímicos y fisiológicos conocidos como factores de riesgo. Se ha demostrado que la modificación de estos factores de riesgo disminuye la morbilidad y la mortalidad cardiovascular, especialmente en las personas de alto riesgo. Una dieta rica en grasas saturadas, unida a una vida sedentaria y la obesidad, especialmente la abdominal, producen aumentos desproporcionados de los niveles en sangre de glucosa y de lípidos justo después de las comidas, lo que provoca inflamación y aterosclerosis. Por el contrario, una dieta rica en frutas y vegetales, legumbres, cereales y frutos secos, como las nueces, los disminuyen considerablemente. Además, la carne magra, el aceite de oliva, el vinagre y el pescado, junto a una actividad física moderada, la pérdida de peso y el consumo moderado de alcohol, impactan positivamente en la regulación del metabolismo de la glucosa y de los lípidos que sucede después de las comidas. En este sentido, la carne magra de cerdo es un alimento que constituye una fuente excelente de proteínas de alta calidad y de vitaminas del grupo B, lo que unido a que su grasa presenta un perfil de ácidos grasos monoinsaturados más favorables que otras carnes, la convierte en un excelente alimento cardiosaludable. Por tanto, la carne magra de cerdo es un alimento que puede formar parte de las recomendaciones dietéticas para la prevención de las enfermedades cardiovasculares.
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